jueves, 16 de agosto de 2012

PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN


Desde hace un tiempo he notado que mi dominio del idioma alemán sigue sin poderse llamar dominio. Y no solo eso, se me han olvidado tantas cosas que la idea del Alzheimer empieza a rondarme, más o menos en serio. Lo peor es que ya no puedo culpar al hecho de que acabo de llegar, porque en diciembre voy a cumplir cuatro años viviendo en Hamburgo, porque hice un curso intensivo durante un año, y porque en la universidad escucho y entiendo clases en alemán. Hablo y escribo, pero cada vez que lo hago me desespero, porque no encuentro la expresión adecuada, porque me equivoco en las declinaciones, y porque se me olvidan hasta las palabras de uso común. Además traigo todo un fandango mental entre el susodicho idioma, el inglés, el español y el portugués que comencé a estudiar recientemente. Noto como me aferro a mi hermosa lengua materna, y al portugués por ser su primo, como se me va olvidando el inglés que antes no era problema, y como me limito a hablar alemán solo en caso de urgencia extrema.

He estado pensando en la razón por la cual me es tan difícil hablar en alemán, y creo, la verdad, que es por que no me gusta, así de fácil: me parece que la gramática es innecesariamente complicada, y no es un idioma muy melodioso que digamos. Claro que ese es solo mi punto de vista, pero al final es lo que cuenta para tener los resultados que he logrado...que no son muy alentadores que digamos. Otro factor importante es mi miedo a equivocarme...tontamente pienso que todo lo que diga debe ser perfecto, luego noto el error y me paralizo. Lo sé, debo soltarme y hablar aunque sea con errores, que con la práctica irán desapareciendo. También se que es importante hablar aleman en casa, no español. En fin, tanto por hacer, y no encuentro la energía...Seguiremos informando...


jueves, 22 de marzo de 2012

GENTE "DE MUCHA OPINIÓN"



¿ Será que me estoy haciendo vieja, y por lo tanto intolerante como aquellas tías ya mayores que existen en cada familia y que nos cansan con sus necedades?¡ Quién sabe! ...pero espero que no. El caso es que me he vuelto especialmente sensible a las afirmaciones prejuiciosas y muchas veces ignorantes de mis conocidos  (bueno, mas bien de mis conocidas, por eso de que a las mujeres se nos facilita más eso de la opinión, tal vez por el hecho de que hablamos más) contra grupos, países, religiones y personas. Y entonces viene el inevitable prejuicio de mi propia cosecha: “me choca la gente estúpida”. Es “políticamente correcto” soltar alguna barrabasada de vez en cuando, porque finalmente todos, unos más que otros,   tenemos en alguna parte de nuestro yo interior ese gusanito que nos impulsa a tratar de hacernos superiores o más interesantes ante los ojos de los demás, y así convencernos a nosotros mismos de nuestra valía...pero, por favor, ¡ todo en su justa medida!
Estoy pensando seriamente en ver menos a una amiga mía...la primera que conocí a mi llegada a Alemania...Y digo ver menos porque la quiero, no es como quitarse un par de calcetines. Pero hace unos días caí en la cuenta de que cada vez que hablo con ella, la mayor parte de lo que hace es quejarse de los demás, especialmente de los alemanes, y sobre todo, de las alemanas. Como mínimo he escuchado unas veinte veces que tienen caderas inmensas...y lo peor es que después de tan fructíferas conversaciones me he sorprendido a mi misma viendo las caderas de las mujeres en el metro, a riesgo de que me tomen por “stalker”, para ver si  la afirmación de mi amiga refleja la realidad (hasta ahora, he visto caderas de todos los tamaños, como en todos lados). Y no es el peor de sus comentarios, pero los demás prefiero no publicarlos.  Creo que no es necesario aclarar que mi amiga NO es alemana, sino de algun lugar de Europa del este, emigrada a los Estados Unidos y traída “a fuerza” porque se casó con un alemán. Después de tres años de vivir acá, apenas decidió empezar a estudiar alemán, porque creo que siempre consideró que los demás tienen la obligación de saber inglés. Al final del día, creo yo,  es uno mismo el que más se perjudica cuando se carga de prejuicios en contra de la gente del país donde uno vino a vivir, no se integra, se aísla, no conoce y por lo tanto no disfruta lo bueno que el país también le puede ofrecer.  Aclaro que mi concepto de integración en un país diferente al propio, no implica renunciar a las propias raíces y cultura, sino más bien combinar todo en una multiculturalidad enriquecedora, y más tolerante ante las diferencias. Obviamente hablo de mi experiencia muy pero muy personal...tal vez en veinte años sea yo una crítica recalcitrante del alemán promedio.

No digo que los alemanes estén libres de pecado...también he escuchado conocidas alemanas  aqui en Hamburgo, que se preguntan indignadas por qué en tal o cual supermercado permiten a la cajera musulmana llevar cubierta la cabeza con un “Kopftuch”, y por tampoco se explican por qué hay tantos turcos en Hamburgo.  Si en todos lados se cuecen habas ¡cómo no! U otra que conozco, de Estados Unidos, también inmigrante por matrimonio en Hamburgo, que también es amiga mía y la quiero muchísimo: a ella la escuché la otra noche comentar indignada que el español no debería  tener tantas palabras de origen árabe porque los árabes viven gobernados por una religión deplorable y ese vocabulario entró a formar parte del español por los nueve siglos de dominación musulmana en la península Ibérica, no por voluntad de los espanoles. Entonces, me pregunto, ¿qué hacemos? ¿Las dejamos de decir para darle gusto a mi amiga “gringa” que ni siquiera sabe español pero se atreve a criticarlo como si fuera fundadora de la Real Academia? 

Aparte tendemos a dar nuestras opiniones como si fueran las únicas válidas y comprobadas por los más reconocidos expertos. Hasta ahora, en el nombre de una convivencia civilizada, dejo pasar estos comentarios sin meterme en demasiada polémica, porque ya sé que no voy a convencer a nadie de que viven en la obscuridad, pero últimamente si se me ha salido uno que otro “muy respetable tu opinión, pero yo pienso diferente”. Y bueno, la verdad es que ir a tomar café con una persona, sabiendo exactamente de qué va a tratar la conversación, contra quién o quienes van a ir los comentarios, y así sucesivamente,  cansa de solo pensarlo. Y luego está la lucha interior con el  sentimiento de culpa que le viene a uno por albergar tan malos pensamientos en contra de esas personas, porque repito, se trata de gente que aprecio porque han sido buenas conmigo y  han estado ahí para mí cuando las he necesitado. Por eso hablo de “limitar”, no de dar por terminadas las relaciones, porque a este paso ¡de plano me voy a quedar sin amigos en Hamburgo!

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA VIDA VA

Hace ratito, como buena feisbuquera disciplinada, me metí a mi Face a chismear a los demás, que lo mío ya me lo se. Y chismeando chismeando, me encontré un enlace que puso uno de mis amigos, a los podcasts de Guillermo Ochoa, y "la vida va"...Por allá del 2001, cuando era yo una adolescente (por lo menos mentalmente lo era!) lo escuchaba todas las mananas en mi casa de Penitas en Querétaro, mientras me preparaba para irme al trabajo...Ah! no cabe duda que recordar es volver a vivir!...ahi les dejo el link:

http://lavidava.com.mx/cmai/2012.html

Alex, una vez más: Gracias por hacerme el día!

martes, 20 de marzo de 2012

Mi futuro laboral

Alguien tiene idea de a que se puede dedicar un Bachelor of Arts, con especialidad en Filología Hispánica y Estudios Latinoamericanos? Yo, no mucha, pero por lo pronto me divierte mucho estar nuevamente en la universidad...aunque creo que debo empezar a planear mi futuro laboral en un tiempo mas o menos corto...que nervios!

domingo, 20 de noviembre de 2011

Elogio a la mujer brava, de Héctor Abad

Esto me lo mandó mi hermana por correo electrónico. Me gustó y me lo robé. Con cariño para las mujeres bravas que conozco y admiro.
"ELOGIO A LA MUJER BRAVA" 
Para quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero vuelve a Italia por amenazas recibidas. Regresa en 1993, aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá. 
Elogio a la mujer brava
abad-hector
Por Héctor Abad

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.  
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas! 
Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !!!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La persistencia


"Nada en el mundo puede ocupar el lugar de la persistencia. El talento no puede; nada es más común que los hombres fracasados con talento. El genio no puede; los genios no reconocidos son prácticamente proverbiales. La educación no puede; el mundo está lleno de gente culta en ruinas. La persistencia y la determinación, juntas, son omnipotentes. El eslogan ‘sigue adelante’ ha resuelto y resolverá los problemas de la humanidad."
Calvin Coolidge. Trigésimo presidente de Estados Unidos (1872-1933).

miércoles, 14 de septiembre de 2011

MI AMIGA I. Y SU VISITA

Hoy estoy contenta y también estoy triste. Estoy contenta porque después de más de un año de no vernos, volví a ver a mi amiga I., y lo mejor de todo es que  la vi porque vino a visitarme desde México. Y también estoy triste porque hoy se fué, y quien sabe cuando nos volvamos a ver. Siento el vacío, que espero se pase pronto.


Pero ahora los momentos felices. Ella llegó a Hamburgo el sábado por la mañana y nos fuimos del aeropuerto directamente a Berlin, ella, mi Amore y yo. Yo nunca había ido a Berlín, a pesar de que tengo casi tres años de estar viviendo en Alemania. Ahora gracias a Dios, nuestras circunstancias personales y familiares parecen indicar que vamos a empezar a salir más y a recibir más visitantes en casa. Ojalá que así sea, porque tenemos ya mucho tiempo de antisociales, y eso se hace costumbre.


Mi Amore me había dicho que a él Berlin le recordaba muchísimo al D.F., y desde que llegamos estuve de acuerdo. Pero la semejanza no es tan evidente a simple vista: es algo en la atmósfera, el ruido, los olores, no lo sé. A ratos me sentía en la Condesa con sus montones de cafés al aire libre, a ratos me sentía que andaba en el turibús  en Paseo de la Reforma con todo y glorieta del Angel de la Independencia.


También en favor de Berlin, debo decir que es notablemente más barato que Hamburgo, por lo menos en cuanto a precios de la comida,los hoteles, el transporte y las atracciones turísticas.


Estuvimos ahí sábado y domingo, y luego nos regresamos a Hamburgo, con una pequeña escala en Potsdam para ver el castillo Sansoussi, que de verdad está hermoso. Lástima que llegamos medio tarde y nada más pudimos ir y tomarnos la foto del recuerdo, literal.


El lunes anduvimos mi amiga y yo paseando por Hamburgo, también en el turibús (que buen invento son los turibuses, de verdad), y luego anduvimos en el shopping, que es obligado cuando uno anda de turista. En la noche la llevamos a comer Scholle (primo pobre del lenguado) y Brattkartoffeln (papas fritas con tocino y cebolla a un restaurante que está a orillas del Elbe en Blankenese, del que por cierto ya se me olvidó el nombre. Las papas no estaban buenas, lástima, porque de la comida alemana algo de lo que más me gusta son las papas, como te las preparen. Y bueno, se trataba de que mi amiga probara algo típico de Hamburgo, habría sido genial si adicionalmente hubiera sabido como debía.


El martes tocó visitar Lübeck, que queda a una hora en tren de Hamburgo y es  chiquito y bonito. Parece de cuento del Flautista de Hamelin o algo semejante. En un día se da uno bastante idea de cómo está la ciudad, pero creo que se necesita mas tiempo para visitar los lugares interesantes un poco más detenidamente. Lo malo es que mi amiga sólo estuvo cuatro días, entonces había que aprovechar el tiempo lo más posible, en teoría, porque cuando vimos que Holstentor tenía un museo, decidimos dejarlo para el regreso a la estación, por aquello de que ya iba a salir el turibús (sí, otra vez en turibús) al siguiente recorrido; pero eso sí, cuando ya anduvimos a pie por la ciudad, nos metimos a cuanta tienda nos pareció interesante, y teníamos que recordarnos una a la otra que eramos turistas y debíamos seguir conociendo la ciudad. Cuando nos dió hambre nos metimos al café de la fábrica de mazapán Niederegger, pensando en una rebanadota de pastel y un café. Pero claro, como era hora de comida, pedimos algo salado y nutritivo: una papa al horno con montones de crema ácida y cebollines; una vez cumplida la obligación nutricional, ahora sí, al pastelote con un delicioso capuccino de mazapán. Todo de mazapán, también el museo que está en el segundo piso del mismo edificio. Y de ahí caminamos a la estación para regresarnos a Hamburgo, por supuesto sin pasar al museo de Holstentor porque ya era tarde, pero sospechamos que nos dió un "rush" de azúcar por culpa del pastel en el camino, porque empezamos a reirnos de cuanta tontería nos venía a la mente. 





Y bueno, esa es a grandes rasgos la historia de la visita de mi amiga I. y al mismo tiempo, de mis primeras vacaciones aunque sean cortas, desde que llegué a Alemania. Espero haber sido una buena anfitriona, aunque noté que como dice mi amiga: "soy de mucha opinión", y eso a veces no es tan bueno. Pero fuera de eso, espero que todo en orden, y que I. se haya pasado los días juntas tan bien como los pasé yo con ella. Le agradezco mucho que en su viaje a Europa haya considerado Hamburgo como destino, y nos haya permitido enseñarle un poco de este país tan interesante. Feliz viaje amiga, y que te vaya excelente en el resto de Europa que te queda por conocer. Te quiero.