Alguien tiene idea de a que se puede dedicar un Bachelor of Arts, con especialidad en Filología Hispánica y Estudios Latinoamericanos? Yo, no mucha, pero por lo pronto me divierte mucho estar nuevamente en la universidad...aunque creo que debo empezar a planear mi futuro laboral en un tiempo mas o menos corto...que nervios!
Un relato de mis vivencias en este país tan diferente, un reencuentro con mi amor por México, y un intento de combinar las dos culturas para sacar lo mejor de ambas.
martes, 20 de marzo de 2012
domingo, 20 de noviembre de 2011
Elogio a la mujer brava, de Héctor Abad
Esto me lo mandó mi hermana por correo electrónico. Me gustó y me lo robé. Con cariño para las mujeres bravas que conozco y admiro.
"ELOGIO A LA MUJER BRAVA"
Para
quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en
Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un
grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos
humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero
vuelve a Italia por amenazas recibidas. Regresa en 1993,
aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá.
Elogio a la mujer brava
Por Héctor Abad Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!
Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !!!
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La persistencia
"Nada en el mundo puede ocupar el lugar de la persistencia. El talento no puede; nada es más común que los hombres fracasados con talento. El genio no puede; los genios no reconocidos son prácticamente proverbiales. La educación no puede; el mundo está lleno de gente culta en ruinas. La persistencia y la determinación, juntas, son omnipotentes. El eslogan ‘sigue adelante’ ha resuelto y resolverá los problemas de la humanidad."
Calvin Coolidge. Trigésimo presidente de Estados Unidos (1872-1933).
miércoles, 14 de septiembre de 2011
MI AMIGA I. Y SU VISITA
Hoy estoy contenta y también estoy triste. Estoy contenta porque después de más de un año de no vernos, volví a ver a mi amiga I., y lo mejor de todo es que la vi porque vino a visitarme desde México. Y también estoy triste porque hoy se fué, y quien sabe cuando nos volvamos a ver. Siento el vacío, que espero se pase pronto.
Pero ahora los momentos felices. Ella llegó a Hamburgo el sábado por la mañana y nos fuimos del aeropuerto directamente a Berlin, ella, mi Amore y yo. Yo nunca había ido a Berlín, a pesar de que tengo casi tres años de estar viviendo en Alemania. Ahora gracias a Dios, nuestras circunstancias personales y familiares parecen indicar que vamos a empezar a salir más y a recibir más visitantes en casa. Ojalá que así sea, porque tenemos ya mucho tiempo de antisociales, y eso se hace costumbre.
Mi Amore me había dicho que a él Berlin le recordaba muchísimo al D.F., y desde que llegamos estuve de acuerdo. Pero la semejanza no es tan evidente a simple vista: es algo en la atmósfera, el ruido, los olores, no lo sé. A ratos me sentía en la Condesa con sus montones de cafés al aire libre, a ratos me sentía que andaba en el turibús en Paseo de la Reforma con todo y glorieta del Angel de la Independencia.
También en favor de Berlin, debo decir que es notablemente más barato que Hamburgo, por lo menos en cuanto a precios de la comida,los hoteles, el transporte y las atracciones turísticas.
Estuvimos ahí sábado y domingo, y luego nos regresamos a Hamburgo, con una pequeña escala en Potsdam para ver el castillo Sansoussi, que de verdad está hermoso. Lástima que llegamos medio tarde y nada más pudimos ir y tomarnos la foto del recuerdo, literal.
El lunes anduvimos mi amiga y yo paseando por Hamburgo, también en el turibús (que buen invento son los turibuses, de verdad), y luego anduvimos en el shopping, que es obligado cuando uno anda de turista. En la noche la llevamos a comer Scholle (primo pobre del lenguado) y Brattkartoffeln (papas fritas con tocino y cebolla a un restaurante que está a orillas del Elbe en Blankenese, del que por cierto ya se me olvidó el nombre. Las papas no estaban buenas, lástima, porque de la comida alemana algo de lo que más me gusta son las papas, como te las preparen. Y bueno, se trataba de que mi amiga probara algo típico de Hamburgo, habría sido genial si adicionalmente hubiera sabido como debía.
El martes tocó visitar Lübeck, que queda a una hora en tren de Hamburgo y es chiquito y bonito. Parece de cuento del Flautista de Hamelin o algo semejante. En un día se da uno bastante idea de cómo está la ciudad, pero creo que se necesita mas tiempo para visitar los lugares interesantes un poco más detenidamente. Lo malo es que mi amiga sólo estuvo cuatro días, entonces había que aprovechar el tiempo lo más posible, en teoría, porque cuando vimos que Holstentor tenía un museo, decidimos dejarlo para el regreso a la estación, por aquello de que ya iba a salir el turibús (sí, otra vez en turibús) al siguiente recorrido; pero eso sí, cuando ya anduvimos a pie por la ciudad, nos metimos a cuanta tienda nos pareció interesante, y teníamos que recordarnos una a la otra que eramos turistas y debíamos seguir conociendo la ciudad. Cuando nos dió hambre nos metimos al café de la fábrica de mazapán Niederegger, pensando en una rebanadota de pastel y un café. Pero claro, como era hora de comida, pedimos algo salado y nutritivo: una papa al horno con montones de crema ácida y cebollines; una vez cumplida la obligación nutricional, ahora sí, al pastelote con un delicioso capuccino de mazapán. Todo de mazapán, también el museo que está en el segundo piso del mismo edificio. Y de ahí caminamos a la estación para regresarnos a Hamburgo, por supuesto sin pasar al museo de Holstentor porque ya era tarde, pero sospechamos que nos dió un "rush" de azúcar por culpa del pastel en el camino, porque empezamos a reirnos de cuanta tontería nos venía a la mente.
Y bueno, esa es a grandes rasgos la historia de la visita de mi amiga I. y al mismo tiempo, de mis primeras vacaciones aunque sean cortas, desde que llegué a Alemania. Espero haber sido una buena anfitriona, aunque noté que como dice mi amiga: "soy de mucha opinión", y eso a veces no es tan bueno. Pero fuera de eso, espero que todo en orden, y que I. se haya pasado los días juntas tan bien como los pasé yo con ella. Le agradezco mucho que en su viaje a Europa haya considerado Hamburgo como destino, y nos haya permitido enseñarle un poco de este país tan interesante. Feliz viaje amiga, y que te vaya excelente en el resto de Europa que te queda por conocer. Te quiero.
miércoles, 10 de agosto de 2011
La dama en el lago
Esta foto la tomó mi buena amiga M. este verano, y muy amablemente me la prestó. Cool, ¿no? En el Alster.
miércoles, 3 de agosto de 2011
A dónde ir en Hamburgo: Primer destino corto: A.MORA
Uno de los lugares que quedan cerca de su casa, y a mi juicio el mejor para tomar el sol y disfrutar de una de las más bonitas vistas que Hamburgo puede ofrecer, es A.mora. Es un café bar al aire libre que está directamente frente al Alster (el lago que se encuentra en el centro de la ciudad), y ofrece una vista de postal. Tirada, bueno, recostada en el camastro veía mis pies con las uñas pintadas de verde menta (lo único relacionado con el verano que se puede usar en estos días de clima raro). Un poco mas allá los veleros, los cisnes con sus hijotes aún grises, los niños de las escuelas de veleo con sus barquitos de velas de arcoiris seguidos por su instructor en lancha de motor, dos que tres equipos de regata practicando, y uno que otro cormorán buscando anguilas. En la orilla opuesta se ven algunas embajadas, y las casas de los verdaderamente ricos de Hamburgo, blancas entre montones de árboles. En el cielo, azul por excepción, se ve pasar la "Beluga" de Airbus en cámara lenta; realmente parece increible que una cosa tan grande y gorda se pueda sostener en el aire.
El servicio es como en muchos lados en la ciudad: no necesariamente maravilloso. Hay que ir sin prisa, porque pasan horas antes de que lleguen a ver qué va a ordenar uno. Las bebidas son totalmente normales, y los precios también (Hamburgo no es una ciudad barata). Pero la vista lo compensa todo. ¡Altamente recomendable! Y bueno, también se puede uno broncear un poco, aunque en mi caso fué más bien el lado izquierdo, y ahora traigo brazo de taxista...tal vez pronto regrese a asolearme del lado derecho, para emparejar.
Referencias:
domingo, 3 de julio de 2011
Escalofriante...mi primera narración.
Y esta es la segunda tarea importante para la misma materia de expresión escrita. Debo hacer una narración. Espero que no esté escalofriantemente fea y simple. Me doy cuenta de que estoy muy influenciada con mis series basura de la televisión, pero de momento no importa, porque con tanto que preparar para mis exámenes finales, no tengo tiempo de hacer una obra de arte. Ahi les va.
Escalofriante
Escalofriante
Una mujer estaba sentada sola en una casa. Sabía que no había nadie más en el mundo: todos los otros seres habían muerto. Los últimos días habían sido un constante ir y venir de un estado de desesperación extrema, hasta la casi catatonia que le viene a uno cuando acepta lo inevitable, cuando no le queda más que esperar la muerte. Justamente en uno de esos momentos de calma que le vienen a uno cuando el cerebro trata de protegerse del terror extremo, se puso a evaluar la mejor forma de terminar con su sufrimiento. En ese momento golpearon a la puerta. Sintió cómo un escalofrío le recorría toda la columna y al mismo tiempo pensó que el corazón se le iba a salir del pecho:¡No puede ser!, se dijo. La nube de polvo rojo que voló sobre el pueblo hacía unos días había terminado con la vida de todos los seres a su alrededor. Ella misma vió morir a su marido en medio de terribles sufrimientos hacía solo un par de días, y no podía dejar de pensar en la horrible mueca de dolor que se le había congelado en el rostro y que tuvo que volver a ver cuando lo envolvió en la ropa de cama a modo de sudario improvisado. Ella había resultado aparentemente inmune a los efectos, y por alguna razón solo tuvo unas cuantas molestias y dolores. Pero los demás, vecinos, amigos, desconocidos, todos habían muerto. Estaba sola, y peor aún, desesperada por no saber qué había sido de Ana, su hermosa y dulce Ana, la hija que había partido a la universidad una semana antes y que llamó para avisar que había llegado bien. Después de esa llamada, nada. Y ahora los golpes en la puerta.
¿Sería posible que sus ruegos hubieran sido escuchados? Tal vez Ana sobrevivió igual que ella, algún gen resistente que hubiera pasado de madre a hija debió haber hecho el milagro para las dos. O quizá el efecto tóxico de la nube solamente afectó al pueblo. Pero entonces, ¿por qué no había televisión ni radio, ni ninguna otra forma de saber cuál era la magnitud del desastre, o si habían supervivientes? Bueno, no importaba, porque ahora lo único que le interesaba era abrazar a su hija y saber que no estaba sola. Corrió a la puerta y la abrió de par en par, y en ese momento despertó. Todo había sido un sueño. Suspiró aliviada, volteó a ver a su marido en la cama. Y el suspiro se convirtió en un alarido: su marido yacía muerto a su lado, con la misma mueca de dolor que ella había soñado. Al mismo tiempo, en la televisión el locutor avisaba que había habido una explosión en la fábrica de compuestos químicos de la ciudad cercana y que una nube roja se extendía rápidamente por las poblaciones cercanas.
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